El valor de la familia

Actualizado: 24 may

La familia es un círculo de ideas y expectativas, de alegrías, intimidad, cotidianidad, diferencias y caos. La experiencia de la familia empieza cuando somos hijos y para algunos se robustece cuando somos padres y madres.


La familia, además de compartir la sangre, es un grupo de personas que a través de la convivencia comparte la intimidad. Peleamos con hermanos o primos, cuestionamos la autoridad, ponemos límites, nos los ponen, hay caos y cuando tenemos suerte también hay amor, reconciliación, perdón, empatía, compasión, segundas, terceras y cuartas o más oportunidades para reparar y hacer las cosas diferente.


Y vamos creciendo, tomando la distancia que nos hace bien a cada uno, rearmando cada día las relaciones, siendo distintos aunque compartamos la infancia. Nos alimentamos de libros y diversas experiencias donde vamos siendo otros poco a poco.


Entendemos por ejemplo que mamá y papá no son los mismos con todos sus hijos porque las relaciones atraviesan el vínculo, la congenialidad no las define. Entonces es imposible ser igual con todos. Esa familiaridad no se puede repetir, está llena de autenticidad.


Entonces ahí empezamos a darnos cuenta que la familia va moviéndose, que las relaciones son únicas e irrepetibles. Quienes somos madres podemos dar cuenta de eso con cada hijo desde un lugar que no riñe con el amor necesariamente. Para algunas impactará en su manera de expresarlo y en otras no.


La adultez nos permite reconstruir, reparar, fortalecer, alimentar cada una de esas relaciones que compartimos con los miembros de la familia. Cuando hablo de adultez no me refiero a mayores de 18 años, me refiero a quienes tienen las herramientas para hacerse cargo de lo que sienten, piensan, hacen, esconden y muestran.


Así es como la familia, es muy importante, es un cúmulo de vida compartida que nos alegra e incómoda, con creencias y cohesiones que poco a poco vamos desmantelando, para crear los propios o siquiera para cuestionarlos. Algunos decidimos tomar distancia, otros decidimos acercarnos. De cualquier manera hay un hilo que es parte de nuestra identidad y que nace justo ahí, en la familia. Reconocerlo con lo bueno y lo malo nos abre espacio a tener experiencias amorosas.


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